Mirándonos a los ojos
Natalia quiere otra noche de tres — con una condición: mantener los ojos en los míos todo el tiempo que dure.
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Historias de una pareja para la que la confianza es la principal regla del juego.
Natalia quiere otra noche de tres — con una condición: mantener los ojos en los míos todo el tiempo que dure.
El marido ayuda a su esposa a elegir la lencería para una cita con su amante, y una cena de sábado para tres continúa el juego iniciado.
La observación silenciosa deja paso a la complicidad: por primera vez, el marido se ocupa abiertamente del placer de su esposa en brazos de otro hombre.
Un restaurante caro, un baile con un desconocido seguro de sí mismo y la continuación en la sauna: una velada que lleva el juego de la pareja a un nuevo nivel.
Los límites quedan borrados del todo: la esposa vuelve del bar con un desconocido y el marido ocupa su lugar habitual de observador silencioso.
La mañana siguiente a la noche que lo cambió todo: el marido observa desde la puerta entornada del dormitorio cómo su esposa vuelve a caer en brazos del invitado.